El Gran libro de las Marcas fue una recopilación de envoltorios, envases, publicidades y avisos sobre muchos productos: golosinas, galletitas, chocolates, alimentos, bebidas, medicamentos, productos de limpieza, cosmética, perfumería, higiene, etc. Lo comencé en 2002 y lo terminé en 2006. Llegamos al 2012 y, 10 años después, y con las posibilidades de interacción de la actualidad, decidí retomar las colecciones para agrandarla aún mas. Con el propósito de compartir los logros realizados en esa vieja y en esta nueva etapa, se crea este blog. También será el canal de comunicación para todos los que se ofrezcan a vender cosas que ustedes tengan, y así agrandar la colección. Saludos y ojalá que lo disfruten!
Mostrando entradas con la etiqueta Bagley. Mostrar todas las entradas
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sábado, 25 de abril de 2026

Bagley convive con un fantasma (1991)


Dentro de sus legendarias marcas como las Criollitas, las Merengadas, las Ópera o las Traviata, Bagley a principios de los 90 (antes de ser vendida a Danone) también se caracterizaba por producciones breves pero recordadas hasta el presente. Por ejemplo, en 1991 salieron unas galletitas de vainilla llamadas Gruvy: no tenían ningún vínculo con el contexto hippie en el que se desarrollaba la expresión en el mundo anglosajón, sino que se escribía distinto y hacían alusión al nombre que tenía el fantasmita rosado que la marca tenía como mascota. Y así como lo demuestra Google, al buscar el nombre Gruvy aparecerán algunas de las figuritas que tuvieron de regalo estos paquetes, siempre a ritmo de una por unidad, y siempre hablando de la presentación de mayor gramaje. El mentado Gruvy era el protagonista indiscutido, transformándose en distintas cosas (un sombrero, un canguro, un tren, un elefante o él mismo como fantasma), a veces diciendo algún comentario gracioso o también afirmando cierta data didáctica. Dichas figuritas tenían el grosor de un fino cartoncito y aparecían escondidas entre la pila de galletitas sin relleno.
Para los más hedonistas, venían figuritas con el rosado lo más flúor posible. Ideal para obsesivos, estaban también algunas donde Gruvy posaba junto a una de las letras coloridas de su logo, invitando inevitablemente a formar la palabra completa, aunque aparentemente sin ningún premio o álbum para recolectarlos. Sin embargo, no era algo para menospreciarlo: dentro de los pocos recuerdos que registra la red, se comparte el hecho de que las figuritas eran más esperadas y añoradas que el producto galleteril mismo. Esto no significa que fueran galletitas (con el mencionado fantasma estampado en cada una de ellas) de feo sabor, pero entraban en ese mundo de generadoras de indiferencia. Si hay que precisar su sabor de vainilla, se parecerían a las María de Terrabusi mezcladas con las pálidas Chocolinas sabor chocolate blanco, un ejemplo más reciente en el tiempo.
Por ahora los que buscaban una foto de su ignoto envoltorio (aclarando que no se fabricaban en San Luis sino en la Avenida Montes de Oca, una locación cerrada en 2004 tras la llegada de Arcor a su directorio) van a respirar tranquilos... por unos minutos, porque luego del alivio automáticamente les vendrá la angustia de buscar su publicidad televisiva, aún no subida a Internet...

martes, 25 de junio de 2024

Un Graffiti en mi interior (1994)


En 1994, mientras Danone comenzaba a adquirir gran parte de la alimentaria Bagley, uno de sus productos estrella en la década pasada recibía un importante refresh para comenzar una nueva era. El chocolate relleno de oblea Graffiti cambiaba su imagen y entre las novedades que tenía para su relanzamiento, para aquellas presentaciones en caja de cartón de varias unidades (como el frente que vemos en la imagen, con vencimiento en Enero del '95) traían de obsequio un elemento olvidado en el tiempo pero muy adecuado para la época: los denominados "stickers Graffiti" que se ven a la derecha de la foto, que no son otra cosa que aquellas clásicas calcomanías que entregaban las casas de revelado de fotografías para adornar las fotos con distintos globitos o expresiones. Una costumbre que sigue existiendo en el presente con los globitos o cartones que muchos se sacan en eventos, boliches o cumpleaños, sin hacer mención a todas las ediciones digitales que también pueden hacerse.
Otro signo importante del paso del tiempo que se ve en el recorte de cartón es la dirección de la fábrica de Bagley: corresponde a la calle Montes de Oca en el barrio de Barracas. Dicha dirección fue de las más duraderas que supo tener la fábrica de galletitas y de la legendaria Hesperidina, mas no la primera: la compañía fundada en 1864 llegó allí recién en 1892, creando un gigantesco edificio de estilo inglés y permaneció ininterrumpidamente hasta 2004 cuando Danone decidió que la totalidad de la producción de sus galletitas iba a hacerse en Villa Mercedes, San Luis. Posteriormente en 2008 en ese mismo sitio se produjo la remodelación a edificios de departamentos.
Volviendo al Graffiti estrenado hace 3 décadas, este diseño y el chocolate en sí desaparecieron al poco tiempo sin dejar rastro hasta 2017 cuando Arcor decide reflotar el producto aprovechando que Nestlé había decidido importar el Kit Kat, la idea originaria del Graffiti. Ahora bajo la marca Cofler, el nuevo Graffiti supo ganarse su público, tener nuevas variedades (como limón o chocolate blanco) y en 2023 tener una nueva versión de base que es la que vemos en la segunda y última foto: sin cambios en el sabor el tradicional chocolate ahora trae una brillante decoración tricolor para reforzar el concepto de su nombre... 

martes, 26 de marzo de 2024

No todo es Blanco o Negro... o si? (1999)


Los días más agradables con la temperatura nos invitan a comer cosas dulces más ricas de temporada fría, y por ejemplo hace 25 años para estas épocas a los tradicionales alfajores Blanco y Negro de Bagley se le sumaban 3 ediciones especiales que quedaron plasmadas en esta postal publicitaria: Extra dulce de leche, Dark y Split, es decir con masas sabor chocolate y banana. Si bien todos eran simples, lo compensaban con su agregado extra de dulce de leche. 
A pesar de estas buenas y osadas intenciones de "reinvención", dichas ediciones pasaron rápidamente al olvido y confirmaron que las tradicionales son las verdaderas imbatibles. La última imagen corresponde a una publicidad digital de 2023 de justamente su última metamorfosis, aparentemente luego de "volver" de una ausencia que personalmente ni siquiera había registrado. Volviendo a la creación de 1999 ¿Alguien habrá usado este tipo de postal para mandarle a otro y contarle "lo que sintió" al probarlos?

martes, 20 de febrero de 2024

¿Qué te hicieron Tubby? Quién te dejó así?


No les voy a mentir que desde que existe la versión digital del Gran Libro de las Marcas sobrevolaba la ilusión de que algún día volvería a aparecer la marca Tubby de Bagley de alguna forma verdadera y sincera: Hace una década su dueño Arcor tenía las obleas Cofler numeradas como emulando este producto, pero no era lo mismo. Para el aniversario 150 de Bagley en 2014 la tradicional golosina estuvo incluida en su libro conmemorativo y página web con el mismo protagonismo de las marcas activas como Criollitas o Merengadas, pero luego seguimos sin noticias. Muchos retornos de productos vimos con el correr de los años: hasta su hermano Graffiti reapareció en 2017 bajo el paraguas de Cofler, pero luego para el Tubby hubo que seguir esperando. Llegó el 2024 (año del 40 aniversario de su lanzamiento de sus primeras versiones, la barra de maní y caramelo y la oblea bañada con su correspondiente jingle de Rubén Goldín) y finalmente el Tubby habría vuelto a los kioscos, pero de la manera menos pensada: en forma de alfajor simple.
Fueron muchas las reacciones a partir de esta noticia que hasta el momento no cuenta con ningún tipo de publicidad oficial: estuvieron las personas que no lo creyeron, las que les resultó el peor homenaje posible, las que a pesar de todo les trajo lindos recuerdos (y que inclusive les provocó automáticamente cantar el jingle de su primer y colorido comercial) y las que por supuesto no les generó absolutamente nada porque al haber pasado tanto tiempo ni registran de qué marca estamos hablando y no llegaron a vivir la época de los avisos de Capusotto al menos.
La primera impresión es que se trataba de un típico Tatín que le cambiaron el envoltorio y nada más, pero en honor a la verdad hay un poco de esfuerzo en hacerle diferente su cobertura: es de mejor calidad, no tan grasosa, al igual que su dulce de leche menos denso, y por ende resulta una opción mucho más pasable que los anteriores nombrados. Es válido, entonces, querer compararlo con el desaparecido Bagley Simple que existió hace unos años, de envoltorio dorado y bordó.
No se puede considerar que se perdió la plata habiéndolo comprado porque dentro de todo alegra el paladar: ahora bien, si lo que se buscaba era un producto que estuviera a la altura de las circunstancias del legendario Tubby de los 80 y 90 que supo existir con sus altibajos hasta por lo menos 2004, todo parecería que deja gusto a poco. No hay nada en sus ingredientes que intente siquiera emular el sabor de algún Tubby, ni siquiera los olvidados 5 y 6 o los mitos urbanos 1 y 2. 
Es cierto que ahora los alfajores están más de moda de lo que pueden haber estado en 1984 (en este mismo momento es un furor de verano el Havanna con sal marina) y una empresa considera que es más redituable fabricar algo de esa forma que con las tradicionales barras bañadas que hace rato no tienen grandes innovaciones, pero no estamos hablando de cualquier golosina bañada como para un resultado así. Es el producto estrella del fallecido recientemente Francisco Belloti, también padre del Graffiti. Y además, Arcor produce golosinas bañadas similares por millares con el nombre Cofler o también en Chile con el nombre Dos en Uno: justamente la barra Golpe de esa marca tuvo puntos en común con el Tubby. 
A lo mejor todo esto, el lanzamiento sin previo aviso de un extraño alfajor con cobertura de fácil derretimiento en el medio del verano, no es más que una previa al regreso del legítimo Tubby con su correspondiente numeración según el número de capas para la época del verano. En ese caso nos habrán tapado la boca y diremos otra cosa, pero mientras tanto pareciera que se cumple esa regla de que la tercera generación (siendo la primera el Tubby ochentoso y la segunda el noventoso) se encarga de fundir un nombre.
Y si por esas cosas de la vida no se puede actualizar esto porque no hay más novedades, aunque sea siempre estarán las versiones extraoficiales que algunas veces dan sorprendentemente en el clavo con lo que un consumidor buscaba aunque con una escala muy pequeña: un ejemplo es el "Tubby artesanal" del usuario Sr Alfajor, quien también en sus redes publica que es el Campeón Mundial del Alfajor simple 2023. Queramos o no, el nombre Tubby y el alfajor terminan ligados hasta en estas formas extrañas...


Publicidad de 1986 de golosinas bañadas de Bagley, donde los Tubby clásicos (los primogénitos 3 y 4) son protagonistas junto a otras delicias de época como las primeras versiones de los Alfajores Negro y Blanco, los chocolates Amore y las obleas bañadas Grafitti. Todas estas creaciones (con sus correspondientes inspiraciones foráneas) fueron obra del mismo Francisco Belloti. ¿Se habrá imaginado que uno de sus hijos se iba a terminar volviendo un extraño alfajor?

miércoles, 4 de octubre de 2023

Se acabó la ciudad soleada (1993)


El día después de las elecciones legislativas de 1993 no solamente había que estar pendiente de los noticieros y programas periodísticos sino que ese 4 de Octubre también ocurriría un hecho importantísimo en el mundo de las golosinas argentinas, tal vez ignorado pero que hoy hay que revalorar. Ese día en los mismos diarios que se dedicaban a hablar sobre los resultados electorales y el nuevo país que seguía de ahora en más aparecía una publicidad enigmática de Bagley Chocolates en el nombre del querido chocolate Tubby diciéndonos que en los 5 canales de tv abierta se iba a estrenar un nuevo comercial a propósito de la llegada de su nueva imagen, el primer gran cambio que le estaban por hacer a aquél producto que una década antes había causado sensación con el "Yo soy un Tubby que andaba solo en una cuidad pesada...", luego de algunas vueltas y jingles remanidos la gente de Bagley estaba queriendo dar vuelta la hoja definitiva a aquella época naif y colorinche trayendo su oblea bañada rápidamente a la nueva década para evitar que empiece a parecer algo demodé para las nuevas generaciones.
En qué consistía eso de que " 4 por 6 más 5 por 6 más 6 por 6 igual a 18"? Porque a partir de ese momento jubilaban al Tubby 3 mientras que sacaban a la cancha las nuevas variedades 5 y 6. Y estas 3 nuevas barras bañadas de Tubby (es decir el nuevo 4 y los flamantes 5 y 6) estaban hechos con 6 capas por igual, de esta forma los tres se acompañaban del "x6" en el aviso, y como eran tres variedades si se sumaba el "x6" tres veces obtenemos 18, es decir 3x6=18... se entendió? No? Muy rebuscado? Bueno, no se preocupen porque para la mayoría de la gente fue igualmente rebuscado y el concepto de relacionar estos números con el 18 y la mayoría de edad y jóvenes bailando en boliches comiendo los nuevos Tubby terminó durando muy poco. 
Lo que pretendió ser una lavada de cara cool para salvar a la querida golosina de Bagley fue un verdadero tiro por la culata... y ahora cómo se seguía? La solución vino de la mano de dos palabras: Diego Capusotto. El humorista para el año siguiente realizaría una serie de memorables y bizarros comerciales relanzando una vez más el Tubby y esta vez sí se lograría el objetivo de modernizar el producto para la nueva década, haciendo de cuenta que la extraña campaña bolichera y de cálculos nunca existió. Tan bien prendió la imagen de Capusotto que existiría una segunda campaña con él donde se anunciaría el cambio de los envoltorios del Tubby, retirando las caras de jóvenes que quedaban de la fallida campaña anterior por unos más simples, también en este caso locutados por Enrique Alejandro Mancini, haciendo un estilo que casi lo emparentaba con un futuro Pedro Saborido. De todas formas tampoco Capusotto haría milagros y a pesar de los esfuerzos en lo que quedó de la década la venta de Tubbys fue en franca decadencia, no volviendo a tener ninguna otra campaña de renombre. En sus últimos años de existencia (por lo menos hasta 2004-2005) se llegaba a vender con el envoltorio mitad blanco y mitad negro, es decir con el mismo diseño de los alfajores Blanco y Negro de Bagley de entonces, el que habían adoptado en los años 90. Pero para muchos el pobre Tubby quedó como un producto ochentero, que sólo se fabricó para ese momento y después nunca más. Gracias al Internet en estos últimos años (concretamente al usuario llamado Marcas Argentinas de Twitter) pudo saberse ya hace tiempo que su creador, rompiendo el anonimato de décadas, es Francisco Belloti y que él también es el padre del Graffitti (que sí volvió de la mano de Arcor-Cofler), de las Tentaciones Mousse, del chocolate y bombones Amore y de los alfajores mencionados previamente. Semejante prócer humilde de las golosinas derivó en que fuera declarado vecino destacado de Vicente López, su municipio de origen, en 2022.
La actual Arcor supo coquetear muchas veces con hacer regresar la marca pero sólo quedó en promesas, teniéndolo presente en los aniversarios de Bagley como si lo siguieran fabricando (cosa que no hacen con ningún otro producto discontinuado) aunque si volviera habría que ver si las nuevas generaciones quisieran comerlo o resultaría algo desconocido frente a , por ejemplo, un Nugaton. Lo más cerca que se estuvo en el presente, según los que saben, de que alguna golosina imitara las características del Tubby fue con la barra importada llamada Golpe, fabricada por la chilena Dos en Uno, casualmente otra empresa que le pertenece a Arcor.
Hoy para seguir alimentando el mito adjuntamos más material inédito de esta golosina: sabían que en los años 90 llegó a editar tarjetas de salutaciones? Con un papel de no muy buena calidad servían para algún mensajito amistoso como las que estaba de moda comprar en alguna casa de regalos o quiosco. Y además, un envoltorio de Tubby 6 con los polémicos diseños bolicheros que pocos recuerdan, embelesados por el jingle de Rubén Goldín y los bolsillos de la ciudad soleada... 
   


miércoles, 21 de septiembre de 2022

Que florezca la diversión! (1982)


Para festejar la llegada de esta primavera viajamos hace 40 años y nos vamos hacia la inauguración del nuevo parque de diversiones en las antípodas geográficas del mítico Italpark: hoy inaugura el Parque Interama en Villa Soldati. Proyectado desde 1978 y pensado de manera sumamente ambiciosa y bastante caótica, aparece el sueño de crear algo lo más parecido a un Disney criollo pero con tecnología suiza y alemana, con varios sectores (Futuro, Fantasía, Internacional, Carnaval y Latino) que lo convierten en uno de los más grandes del país: La República de los Niños se quedó con el galardón de ser el primero en toda América. 
Contamos con este recorte auspiciado por el Oso Yogui y las galletitas Bagley para saber la dirección y qué colectivos nos acercan: no importa el dato del valor de la entrada, porque ya contamos con una de obsequio, para mayores de 12 años.  


Su suerte será sumamente errática: tras finalizar la Dictadura Militar y terminar la bonanza económica de estos proyectos faraónicos, Interama dejará de existir (se rescindió el contrato con la concesionaria privada) hasta su reapertura en el democrático 1985 cuando muta al Parque de la Ciudad, lo que terminó siendo su nombre más duradero. Un 9 de Julio de ese año finalmente se abrirá al público su preciada Torre Espacial de 200 metros de altura, que aunque no lo crean no estaba operativa hasta dicho año. La torre del primer aviso de 1982 apenas si era decorativa, pero la que veremos después, ya correspondiente a 1987 (con su correspondiente entrada actualizada a 3 autrales y 1 austral cada juego) se encontraba abierta al público y se accedía a ella a través de ascensores de alta velocidad. En el interin el terreno había sido testigo de un recital de Spinetta Jade y el festival rockero por el primer año de la democracia, anticipando una de las intenciones que le quisieron imprimir a futuro.


A pesar de estas buenas intenciones, el Parque nunca tuvo una popularidad excesiva y llegó a contar con varias atracciones nunca del todo habilitadas para funcionar, sin contar las que se fueron viniendo abajo por la falta de mantenimiento. No contó con la cobertura que sí tuvo el Italpark y su tragedia de 1990, pero aquí también ocurrió una muerte en el año 2001 cuando salió despedido uno de sus operarios desde una de las atracciones. Cuando ocurrió su cierre lúdico en 2003 recién ahí muchos se acordaron de él. 
A partir de ahí existió el breve regreso de 2007, su intento de conversión a Ciudad del Rock en 2013 o la llegada de la Villa Olímpica en 2018 pero sin que nada de este emparchado lograra prosperar entre medio de los juegos mecánicos abandonados y semidesarmados. Muchos de ellos fueron vendiéndose a ferias itinerantes o de otras provincias o países, sin haber logrado nunca el esplendor deseado allá por fines de los 70. Así fueron quedando en el recuerdo nombres como el Pulpo Monster, la montaña rusa Aconcagua, las aguas danzantes, el Hidrovértigo, la doble vuelta al Mundo Scorpion, el inconcluso cine, la Vertigorama que nunca funcionó, el Matterhorn (réplica del que estaba en el Italpark!) la montaña Jetsar que nunca se armó y terminó siendo vendida a Fantastic Diverland, entre muchas otras atracciones menos populares pero igual de coloridas en el recuerdo. La idea de un regreso triunfante es una utopía absoluta pero nunca deja de pensarse algo así mientras matamos el tiempo mirando el instagram de @Interama1982...


Para finalizar este recorrido terminamos en la actualidad con el renacido Parque de la Costa: aquél que se inauguró en 1997 (misma época que se trataba sin éxito la privatización del Parque de la Ciudad), que gozó con tener un ciclo infantil propio en ATC a fines de dicha década, que escindió parte de su terreno para el casi independiente AquaFan, que logró evitar cerrar en 2020 y llegar al presente en mejores condiciones que todos los anteriores, cumpliendo su cuarto de siglo con mucha alegría a cuestas a pesar de que el menemismo ya le quedó lejos. Para 2027 habrá cumplido las mismas 3 décadas que llegó a tener su predecesor Italpark...

sábado, 9 de julio de 2022

Viva la patria galletera (1969)


El 9 de Julio no es solo para locro o empanadas. Las galletitas más clásicas de Bagley también se quieren postular como producto ideal para una fecha patria, sobre todo para los más chicos. En este aviso de 1969 no solamente veremos a las tradicionales Ópera, Merengadas, Rumba, Mellizas y Amor sino también esas hermanas perdidas como las Colegial  y Bu Bu (competencia de las Manón), las políticamente incorrectas Morenas (competencia de Melba), las Carnaval, las Frutales, las Sandokán y las Lolita, ni más ni menos que la versión mini de Lola, la primer galleta que fabricó Bagley a fines del siglo XIX...

martes, 6 de julio de 2021

El paquetito de Pikachu


Este 6 de Julio se cumplen 5 años del lanzamiento de aquél famoso juego para celulares que enloqueció el mundo con apenas días de salida pero así como vino se fue: ese día se lanzó el llamado Pokemon Go, pero como en este hemisferio se lanzó varios días después lo último que teníamos a esa fecha relacionada a artículos promocionales de dicha serie japonesa eran las figuritas que aparecían en las galletitas Bagley a mediados de 2001. Por aquellos años en cada paquete de Sonrisas, Rex, Panchitas, Merengadas, Ópera, Salvado o Surtido viene de regalo figuritas de Pokemon que se adhieren a los pósters de los paquetes más grandes (galletas en cajas no existen más) para formar un juego de cartas exclusivo.
Buen, ahora nos adelantamos unos días más y hacemos de cuenta que el Pokemon Go ya está disponible en la Argentina y hasta los más grandes no tienen miedo de generar vergüenza ajena en la calle cazando bichitos con el celular. En este nuevo contexto en la que las cartitas de 2001 son un fósil viviente vemos esta nota de principios de 2017 de la revista Para Ti de parte de la periodista Agustina D'Andraia que promete hablar de la adicción a las redes pero se centra en Pokemon Go por sobre todas las cosas. Dicha nota incluye comentarios de Fierita Catalano, programadores y varios psicoanalistas...

lunes, 16 de noviembre de 2020

Siempre crocante, nunca untable (1970)


Hace 50 años una de las galletitas clásicas de Bagley tenía un rol bastante diferente al actual. En lugar de publicitarse como galletas con sabor propio y la cualidad de usarse para acompañar otras delicias como un canapé... Traviata en 1970 era más bien una simple galleta para untarle manteca o dulce de leche, es decir un sustituto del pan y no mucho más. Ni siquiera venían con su ahora clásico envase azul. Fue en 1989 que Traviata abandonó para siempre sus letras bordó con azul, su paquete amarillo y su histórico slogan de los 23 agujeritos (que hasta inspiró el nombre de la operación del asesinato a José Ignacio Rucci) para volverse la "tipo sandwich" actual, adoptando el slogan "El mordisco de sabor" que también duró sus respetables años. La diversificación hizo lo suyo en estos últimos años y la galleta "práctica para untar" de Bagley pasaron a ser las denominadas Criollitas Más Grandes, siempre publicitadas con un cuchillo pasándoles manteca por si quedaba alguna duda.
Adjuntamos a este recuerdo sandwichero un envase más actual de Traviata, aunque dejó de utilizarse aproximadamente en 2014 pero conserva el slogan "Irresistible como siempre", el cual se ocupa aproximadamente desde 2003...

sábado, 19 de septiembre de 2020

Soldados de Bagley (1965)


En 1965 la gente de Bagley se anunciaba de la siguiente bélica manera: con la tradicional canción de "Mambrú se fue a la guerra" que es en realidad un cover francés que fue cantada por todo tipo de referentes infantiles, desde María Elena Walsh a Bart Simpson. En la misma campaña de dicha época también salieron avisos con otras canciones populares infantiles, como el "Arroz con leche", "A la lata al latero" o "Buenos días su señoría".
Era común que las galletitas se vendieran en lata sueltas, así que estas presentaciones en paquetes no ofrecían toda la variedad conocida de Bagley sino marcas especialmente desarrolladas para venderse en pequeñas cantidades, de esas que un niño puede comprar con la plata que le de su mamá. Sorprende que 55 años después de las 13 galletitas ofrecidas por la publicidad únicamente las 3 de la derecha (y no necesariamente las más famosas que ocupen el centro del aviso) hayan sobrevivido: Merengadas, Sonrisas y Ópera seguramente en alguna parte de su memoria recordarán que alguna vez tuvieron hermanas como las Colegial o Bu-Bu (conocidas por ser la competencia de las Manón de Terrabusi en sabor, tamaño y formato de paqeuete), las Lolitas (versión en diminutivo de ni más ni menos que la primera gelletita que hizo Bagley tras inventar la Hesperidina, que también en los 70 se volvió alfajor) y las bien desconocidas por el Internet Sandokan, Mascota, Monada, Gorjeos, Indianas, Cacique y Piropos. 
Y mientras pensamos si alguna de las antes mencionadas se volvió una de las galletitas actuales pero se cambió el nombre... a qué se habrá debido a que en la Argentina la canción de Mambrú dijera "chiribin chin chin" en lugar del "que dolor que dolor que pena" que canta el resto de Latinoamérica?

jueves, 12 de septiembre de 2019

Dulzura sin género (2019)

Primero fueron los yogures estilo casero, luego la aparición de nuevas viejas leches como La Martona o Fortuna, después vinieron los “productos” económicos que reemplazaban la manteca, la crema, el queso… pero La Serenísima con estos productos se sigue superando en su afán de romper constantemente las redes con productos que enloquezcan a los catadores influencers…
Como si la premisa principal fuera algo así como “para el amor no hay género ni receta” se decidieron a mezclar todo tipo de productos apetecibles del catálogo Serenísima-Bagley-Arcor a ver qué cosa interesante podía salir. Un procedimiento totalmente posible gracias a que, tal cual se comentó en su momento, progresivamente Arcor está adquiriendo acciones de La Serenísima, y mientras tanto va acostumbrando al consumidor a encontrarse con fusiones entre todas sus prestigiosas marcas…
El resultado de semejante mezcolanza fueron dos productos untables que hacen enojar a los más conservadores porque no se los puede etiquetar bajo las premisas que ya existen: no son ni dulces ni tampoco chocolates ni mucho menos golosinas… así que en ambos casos fueron descriptos en sus envases simplemente como untables: en la primer foto está el dulce de leche LS + chocolate Águila, mientras que en la segunda está el relleno para Chocotorta. El primero tiene combinaciones de dulce de leche La Serenísima con chocolate Águila (el original, el que justamente no lleva leche) y el segundo es el resultado industrial de la mezcla casera de dulce de leche con queso untable, o bien según el paladar dulce con crema de leche o hasta manteca…


Ambas creaciones se las aprecia como bastante investigadas y bien logradas, ya que tienen combinaciones justas de ingredientes: el untable Águila tiene un olor y sabor que siempre pareciera ser la combinación en un 60/40 tanto un dulce de leche como un chocolate para taza bien amargo, variando el porcentaje según a qué cosa uno le esté buscando aroma. El mismo envase recomienda que sirve tanto para tortas como directamente para cucharear: si se lo prueba de esa manera, se puede conseguir el placer de estar comiendo un chocolate untable de sabor bien fuerte. En su receta se menciona que está incluido el licor de cacao. Puede rememorar a los Butter Toffes o hasta la cobertura de los Cabsha: de cualquier manera el sabor está muy bien conseguido y cansará recién a la tercer  o cuarta cucharada. Pero para quienes lo han degustado y le ha resultado una bomba de calorías o muy fuerte de sabor viene la segunda opción…


El también exquisito relleno de Chocotorta tiene sus antecedentes: aproximadamente allá por el 2000 se rumorea que vino algo similar, pero no lo hemos podido constatar. Más acá en el tiempo estuvo el Dulce Crem, un producto lanzado por la misma empresa láctea en 2015 que venía en un envase minúsculo y sólo prometía ser un untable de desayuno: algo lógico, porque era tan pequeño que no era negocio usarlo para tortas. El modelo 2019 en sabor se lo puede comparar a un postre de dulce de leche de los de cajita, junto a un sabor a queso Casancrem inconfundible. Puede prestarse a la confusión y comérselo a cucharadas demasiado rápido, como si fuera un postre en sí mismo. Pareciera ser un poco más dulzón y rico que el Dulce Crem. En su tapa incluía la ahora simplificada receta de Chocotorta, con un detalle particular: mojar las Chocolinas en leche chocolatada. Se sigue sin oficializar mojarlas en café como hacen varios…


Cada uno con su manera de ver la vida, aparentan ser productos con poca vida útil, pero como regalo para alguien goloso son de lo mejor, sobre todo porque aún no están publicitados tradicionalmente. Tampoco hace mucha falta: es muy difícil que los encargados de hacer reviews de estos artículos novedosos no lo haya recomendado o mencionado. Los antecedentes no son buenos: ni lo que comentamos antes ni el dulce sabor banana Sancor del 2000 duraron mucho tiempo. Nos apuntó la especialista en dulces Lary Ruggiero que aproximadamente hace 10 años San Ignacio también sacó un dulce de leche sabor banana. Tampoco fue de durar tanto.
Así que para los dulceros que se muestren reticentes a querer probar estas novedades porque son difíciles de clasificar, abran su cabeza y sepan que son creaciones muy valiosas que vale la pena probar… y que viva el amor! 

lunes, 9 de septiembre de 2019

Mesas de ayer y de hoy (1964)


Parece que no importa el paso de los años, es bastante probable que en una mesa de desayuno siga existiendo un paquete de Criollitas. Este pequeño aviso de 1964 ya mostraba lo más conocido de ellas: un envase amarillo con letras manuscritas rojas. Igualmente el tiempo parece que las ha achatado y vuelto rectangulares. Aún perduraba el curioso slogan de Bagley “Siendo de Bagley es bueno”: el tiempo nos ha hecho creer que esa frase es un invento de una farmacéutica alemana…

jueves, 8 de agosto de 2019

Sonrisita en barra


Hace casi 25 salió una novedad inconmensurable: por primera vez las galletitas Sonrisas de Bagley salían con otro sabor que no fuera frambuesa, todas juntitas en una cajita surtida llamada Sonrisas Frutales. El producto tuvo éxito y aguantó hasta la crisis de 2001.
A partir de allí, aparecieron varios productos con la inoxidable marca Sonrisas capaz de dar batalla con ese nombre: en 2002 a las Panchitas las convierten en Sonrisas chocolate, salen unas con relleno verde sabor Multifruta, unas denominadas "acarameladas" que venían en un paquete tipo surtido, los anillos típicos reconvetidos en "Sonrisas Pícaras" y luego reciclados como unas exquisitas galletas con jalea bien espesa... y hasta el alfajor Sonrisas! éste último no era otra cosa que un típico alfajor triple con dulce de leche de calidad regular que tenía una supuesta sonrisa dibujada en su tapa superior. En ese aspecto, mucho mejor le fue a las merengadas hechas alfajor, que si tuvieron un relleno con malvadisco o algo que las asemejaba al producto original y no cualquier cosa con el nombre y nada más. Pequeño comentario les podemos decir también de aquellos que se animaron a copiar el sabor inconfundible al sabor de la galleta con carita: las Pitusas y las Fachitas son dignas imitaciones.
Pero también en el año 2002 aparecen unas barras de cereales (la golosina saludable de moda de esos años) que duraron poquísimo tiempo, y las cuales no pude llegar a probar siquiera para ver si algo de jalea de frambuesa tenían. Tantos años después, el mercado nos da una revancha, y vuelve a sacar una barra con la susodicha marca de Bagley. Mucha agua pasó abajo del puente en estos años, y se notan bastante.
Al estar manejada por Arcor, la barra de Bagley se asemeja mucho a aquellas Cereal Mix rellenas de delicias como frutilla, manzana, durazno o chocolate. Lo que las diferencia es el aroma, en cuanto se abre el paquetito de esta barra el olor es idéntico a la galletita, pero su sabor se asemeja a la barra de mermelada de frutilla que Arcor ya fabricaba. Otra diferencia está en su masa: es más "limpia" sin las rispideces de cereal que traen las otras, pero al ser el sabor de la mermelada bien invasivo se siente apenas al principio.
Como las barras que Arcor ya hacía eran muy buenas, esta barra también lo es... pero para el que la haya visto o la esté por ver no representa un cambio de gusto muy loco como para justificar comparla sólo por eso. Si lo hacen, el producto es rico, y seguramente le va a llamar la atención a niños hambrientos deseosos de merienda. Mientras tanto, seguimos aguardando que regresen las Sonrisas Frutales (1995-2001) que definitivamente nos volaron la cabeza...

sábado, 13 de julio de 2019

Intercambiemos dulzura (1992)



Para estas épocas invernales el chocolate es lo ideal, y hoy a colación recordaremos ese extraño invento que Bagley (cuando era Bagley y no Danone-Arcor) creó en 1992.
Se trataba del Camille Bloch, una marca de chocolates suizos que a partir de ese año podían conseguirse importados pero también iba a empezar a fabricarse en la Argentina. Hacen bien si a estas alturas se están preguntando “Pero ¿Cuál es el sentido de hacer en la Argentina un chocolate que se trae directo de Suiza, o por qué se decidiría comprar el nacional si tengo el original?” porque en esta publicidad Bagley aclaraba que no eran los mismos: venían de Suiza 6 sabores importados (clásico, blanco, con café, con almendras, con marroc y amargo) mientras que los elaborados bajo supervisión suiza en el país eran apenas 3, incluido el infaltable “con leche”.
A todo esto… qué es Camille Bloch? Es el nombre del fundador de la susodicha empresa fundada en 1929 en Berna (Suiza obviamente) y que en la actualidad sigue existiendo siendo manejada por uno de los herederos, ocupando el cuarto lugar en el ranking de empresas chocolateras mundiales y que lo más cercano que les quedó de algo argentino es una línea que fabrican que se llama “Torino”. Fuera de eso, de este extraño experimento noventoso no quedan rastros.
Muchos menos rastros quedaron de la Bagley auténtica, ya que luego de venderse a Danone en 1994 y recortar gastos tras la crisis de 2001 suprimió su división de chocolates jubilando sus chocolates para taza, el Graffitti original, el mítico Tubby y hasta el Chocolino, que pasó a manos de La Virginia…
Esto a Ricardo Fort no le hubiera pasado!

lunes, 10 de septiembre de 2018

Hesperidina, siempre Argentina (1961)

Es muy difícil vivir en el país y no haber escuchado aunque sea alguna vez la existencia de Hesperidina, un trago ya para muchos milenario que muy probablemente sea de los que más historia tenga en sus hombros de todas las bebidas alcohólicas nacionales. Tal como vemos en este aviso de 1961 (donde trataba de imponerse el témino de familias "hesperedineras", adelantándose bastante al marketing de décadas después) el nombre Bagley está bien presente. Parece increíble pero el slogan de la empresa hoy conocida por sus galletitas y alfajores en aquél momento era "siendo de Bagley es bueno"... casi casi al slogan que hoy caracteriza a Bayer, pero que durante muchísimos años era dentificablecon Bagley. Una fecha bien especial como lo fue el 24 de Diciembre de 1864 llegó a Buenos Aires la Hesperidina, tras una muy original campaña de varios meses de anticipación, donde se llegaron a pintar de naranja los cordones de las veredas. Su creador no fue otro que el farmacéutico Melville Sewell Bagley, ése señor barbudo que aparece en cualquier botella de la marca que dos años antes había venido de Boston, Estados Unidos, para crear en Quilmes una empresa que sería famosa hasta hoy. El nombre del producto se debe a un extracto de naranjas amargas, el ingrediente principal de la bebida y que logró descubrirse luego de varios experimentos con hierbas con propiedades digestivas, algo que también supieron compartir el Fernet Branca y la Coca Cola. Se decía que cuando los griegos navegaban por Valencia, veían a las naranjas de la región, metidas entre las hojas verdes, como frutos de oro del jardín de las Hespérides: con un origen así de mitológico, era muy difícil que la bebida no fuera un suceso. Este aparente tónico, en parte gracias a esa campaña misteriosa de dos largos meses, se volvió un éxito rotundo no sólo por su sabor sino porque, como se ve en el aviso publicado, no era una bebida exclusiva de varones sino netamente familiar: también era una bebida que las mujeres bebían en sus publicidades. Inmediatamente fueron apareciendo las imitaciones y esta acción genera un hito en la historia comercial argentina: Don Bagley presiona fuertemente para la creación de un Registro de Marcas y Patentes del país... todavía eso no existía en la Argentina! Dicho proyecto (muy inspirado en la versión estadounidense) se concreta en 1867 y para no ser menos, será la Hesperidina la primera marca registrada argentina. Como ya estamos viendo, el marketing era algo que Bagley manejaba a la perfección y lo demostró también cuando mandó a imprimir la etiqueta de su aperitivo en la Bank Note Company de New York, el mismo sitio donde por aquél entonces se hacían los ansiados dólares, dándole así a la Hesperidina un aspecto de "infalsificable" que fue muy efectivo. Una efectiva manera de compañar este producto fueron las galletitas: la primera que existirá se llamó Lola y nació en 1875, llegando a producirse con sus cambios hasta fines de los 70. Volviendo a Hesperidina, se volvió un verdadero fenómeno durante gran parte del siglo XIX, llegando a tomarse en los bares y pilperías antes de que se popularizara el vino tinto. Llegó a ser la bebida que se suministraba s los heridos de la Guerra de la Triple Alianza, fue la bebida favorita de Goyeneche y Francisco Moreno (el del Glaciar), apareció en pinturas de Molina Campos y en dos cuentos breves de Cortázar. A partir de los años 70 comienza su lenta decadencia: a lo largo de esa década y las que vienen se va concumiendo cada vez menos, deja de estar de moda y Bagley, ya abocada más a los alimentos (no sólo galletas, también mermeladas y conservas) le va haciando cada vez menos publicidad. Llegan luego los cambios de dueño de la empresa: primero Danone en 1994 y luego Arcor-Danone en 2004. Recién en ése último cambio de dueños la Hesperidina se desprende de su álma mater: es vendida a la bodega Tres Blasones, una empresa que por aquél entonces también comercializaba el anís Ocho Hermanos. El envase tipo "barrilito" y la etiqueta permanercieron iguales como siempre, pero sorpresivamente el creador de la bebida pasó a llamarse "Melville Sewell B.", sin aclarar qué significaba ese prestigioso apellido. Este año se ha producido un nuevo traspaso: desde Agosto pasado Hesperidina ahora es parte de Cepas Argentinas. Lógicamente que se han dicho los buenos augurios de rigor sobre revitalizar la marca, volverla a poner en un lugar de privilegio, relanzarla como antes y demás, pero vaya uno a saber si se concreta. Igualmente, vale la pena rememorar la historia de una marca histórica por donde se la mire, y que además tuvo la muy agradecida labor de contar su historia de manera bastante detallada, algo que en la mayoría de los productos argentinos resulta un verdadero misterio...

martes, 7 de agosto de 2018

Pizza con Terrabusi



Un hecho histórico en el mundo galletero acaba de ocurrir estos últimos días y no podemos ser ajenos a semejante fenómeno. Es importante que dejen lo que estén haciendo y lean con atención lo siguiente: en una ráfaga de nostalgia marketinera, la gente de Mondelez desempolvó una marca de Terrabusi desaparecida hace casi 15 años y la hizo regresar a las pistas… las obleas Champagne han vuelto a producirse! Así como lo oyen, esas famosas obleas de Terrabusi rellenas de vainilla y frutilla (o era frambuesa?) reaparecieron por primera vez en esta década. Y no estamos halando de cualquier producto: hablamos de una de las galletitas que nacieron junto a las Express, las Melba, las Duquesa (cuando se llamaban Princesa), la Tita o la Rodhesia. Una verdadera señora marca que supo tener su versión bañada en chocolate llamada Canadiense, que no sobrevivió más allá de los años 60. Aguantaron muy bien la competencia de las Ópera de Bagley y supieron convivir sin mucha envidia con las obleas Bésame producidas en los 80 por los mismos de Terrabusi. Más aún, pudieron integrar sin ningún problema el selecto grupo de galletitas que sobrevivieron a la compra de Nabisco en 1994. Mientras que productos antiguos como el arroz Terrabusi, las Santa Paula o las Vermouth desaparecían para siempre, las Champagne pudieron codearse con las nuevas producciones de la familia como las Oreo, las Chipits o las Soleadas. Fueron capaces de hacerle frente a la crisis de 2001 y salieron adelante, mientras que las Crocanas o los Bizcochos Canale perecían en el intento. Formaron parte de la importante lavada de cara que realizó la multinacional Kraft a partir de 2003 en el país, donde revitalizaron algunas marcas clásicas mientras ingresaban otras nuevas como las Trakinas o las Club Social. De dicha época les quedó durante un breve tiempo un paquete fucsia que remplazaba al histórico dorado que tuvieron desde siempre. Pero una gris y triste mañana de 2004 en una maniobra que también contemplaba a las Lezama y las antes mencionadas Soleadas, las obleas Champagne se despidieron para aparentemente no volver más. Apenas unos años después empezaron a mostrarse signos de arrepentimiento por parte de la empresa: lanzaron unas obleas de distintos sabores llamadas Trexy, pero como vinieron se fueron y no le pudieron hacer ni cosquillas a las Ópera. A partir de este período de ostracismo surgió la leyenda, y la tecnología hizo el resto: a medida que se fueron popularizando fueron surgiendo foros-blogs-fotologs-grupos de facebook dedicados a exigir abiertamente el retorno de estas preciadas galletitas. No se puede reprochar este tipo de exigencias: hay que destacar que en 2006 un blog llamado Bien Ahí fue capaz de lograr que las Tentaciones Mousse volvieran al mercado… por qué no las Champagne?  Finalmente fue 2018 el año en el que supo ver el retorno de este producto, el cual rápidamente fue juzgado para compararlo con el artículo de antaño. Gran parte de los ansiados consumidores resultaron decepcionados con la nueva versión, la cual no es argentina sino que se produce en Brasil: por ejemplo no trae tres capas sino apenas dos, una amarilla y una rosada. No obstante, personalmente me animo a decir esto: es verdad que no tienen el mismo sabor que las tradicionales, pero no me resultó un gusto desagradable. Había un buen equilibrio entre los sabores y no resultaban tan insultantemente artificiales. Serán una lámina al lado de las originales, pero por lo menos no son un bofe incomible. Pero como se dijo, no esperen el chillón sabor dulce de antaño porque por aquí no está. Como una compensación a aquellos ex niños que añoran la oblea de su infancia, les vale la segunda fotografía de hoy: una caja envasada en 1989 en el Establecimiento Modelo Terrabusi con la etiqueta Champagne bien grande y exhibida con mucho orgullo. Una caja que hasta que se encontró no tenía otro destino que contener tristes tarros de pintura secos.



Pero esto no termina aquí: en simultáneo a encontrar las Champagne (sin dudas las estrellas de la noticia) en la misma góndola aparecían unas nuevas Ópera llamadas Remix. No podemos pecar de ingenuos y creer que se trata de una coincidencia: los señores de Arcor nuevamente salen a competir sin respiro contra Mondelez y sacaron paralelamente al mercado unas obleas que rememoran al diseño de sabores de sus rivales. No se trata de un invento nuevo (las primeras Ópera de “sabores raros” aparecieron a fines de los 90) sino un relanzamiento con una variedad con la exacta combinación de frutilla y vainilla (muy rica y cremosa, por cierto) y otra de chocolate a la que no le pude encontrar un gusto definido. No sabemos si llegarán a opacar el lanzamiento increíblemente brasilero que trajo Mondelez, pero las obleas de Bagley tienen menos chances de decepcionar: suelen comprarse sin mucha expectativa y pueden sorprender como ocurrió con el sabor Bon o Bon. En cambio, las Champagne tienen más para perder que para ganar: un ejército de fanáticos deseosos del sabor clásico y que harán el escándalo correspondiente donde puedan. Para no ser menos y que la lucha sea de igual a igual, también publicamos la tapa de una antigua Ópera de Bagley envasada en 1987. Ahora sí es una guerra pareja: recetas nuevas contra clásicas, las retro contra las milennials… quién ganará? Tal vez para evitar problemas lo mejor sea simplemente abrir un paquete de Oblita comprado en la calle…      

miércoles, 2 de mayo de 2018

El trauma de la desinformación (2017)


El 2 de mayo no suele ser un día con demasiada trascendencia: por esas razones es que hace tiempo fue denominado el Día Mundial de la Lucha contra el Bullying, una palabra tan espantosa de pronunciar como el bullying mismo. Este día nos va a servir para desmitificar algo que ya deslizamos hace tiempo y que hoy vamos a desarrollar un poco más: la historia de la galletita Sonrisas triste. Ha sido innumerable la cantidad de gente que ha tomado por cierta (o nos hace creer que tomó por cierta) una nota-trucha-enjoda hecha por la revista NAH en 2004 titulada “Un nene encontró una galletita Sonrisas triste y quedó traumado”. Desde entonces y al mejor estilo creepypasta se echó a correr la supuesta existencia de galletas así, falladas de fábrica. La verdad verdadera es que nunca existió tal galleta fabricada de manera consciente por Bagley de manera masiva, y queremos remarcar esto último. Lo que sí ocurrió es que en 2016 la agencia de publicidad Young & Rubicam diseñó unos pocos paquetes con Sonrisas que efectivamente estaban tristes con el sello “El bullying nos saca la Sonrisa a todos”. Dichos paquetes fueron repartidos a celebridades de redes sociales como María del Cerro, Paula Chaves, Nicolás Vazquez y otros tantos, los cuales publicaron fotos con el mensaje antes mencionado. Así llegamos a la imagen de hoy, un póster repartido en kioscos y almacenes durante 2017 con las temibles galletas tristes, pero ningún paquete verdadero para la gente del común. Aprovechamos esta ocasión también para hablar de la vez que una empresa sanjuanina (llamada Dilexis) quiso aprovecharse de la fama de las Sonrisas e inventó unas horrendas galletas llamadas Dale Alegría. El hecho ocurrió en 2008: tuve la suerte/desgracia de probarlas y considerarlas horribles de entrada. Al poco tiempo dejaron de circular pero el chiste les salió caro: Arcor/Bagley les hizo juicio y se lo terminaron ganando en 2015. Esa época Fito Páez debe haber estado de viaje, porque de seguro que si se enteraba les hacía juicio también. Y de esta manera termina por hoy la breve historia de galletas Sonrisas que no son Sonrisas oficiales o bien en un principio no lo eran y la propia empresa se las apropió. Por un futuro sin niños traumados por galletas inexistentes (por el momento) ni por el bullying, ese término tan cool para nombrar en un día como hoy pero que muchos olvidan el resto del año…

viernes, 16 de marzo de 2018

Americanas go home! (1968)


Hace 50 años llegaban al mercado unas galletitas que parecía que tenían un futuro, promisorio, pero que rápidamente desaparecieron y hoy son muy poco recordadas. Sin embargo, ello no significa que la fórmula de dicha galletita no haya tenido éxito. Muy por el contrario, sigue más vigente que nunca. En 1968 Bagley producto unas galletitas llamadas Americanas, con colores bien característicos y compuestas de cereal integral. Una respuesta de la empresa a las tendencias de cuidado de la figura que ya se hacían sentir, aunque con la grata sorpresa de no haber recurrido a lo típico de esa época (relacionar lo dietético únicamente con las mujeres) sino a emitir un mensaje difundido a cualquier consumidor. En la imagen vemos la publicidad de 1969, es decir la que un año después de su lanzamiento ya se jactaba que esta marca tendría mucho futuro por delante. El significado de su nombre no tiene mensajes subliminales ordenados por la Casa Blanca ni la CIA, simplemente tenían ese nombre por hacer referencia a la costumbre estadounidense tan arraigada de desayunar con cereales, buscando entonces “argentinizar” el hábito: en lugar de comerlos con leche, comerlos en galletitas como se solía hacer por acá. Es sólo un rumor, pero se comenta que los celos que sufrieron las divas Criollitas y Traviata fue tan grande que Bagley decidió cortar el hilo del lado más fino. Más allá de que no prosperaron, Bagley siguió produciendo galletitas con cereales con distintos nombres: para fines de los 80 producían las marcas Aldeanas (con salvado) y las Livianitas (con salvado y avena). También estaban las Supreme (de agua más clásicas) junto a, por supuesto, las inmortales Criollitas y Traviata. Aquellos nombres que no les están sonando sufrieron una bruzca transformación en 1991 y pasaron a convertirse todas en las “Galletitas Familiares Bagley”, mostrando varios colores característicos: marrón claro para las de “cereal” surtido verde para el salvado, azul para las con sémola, marrón para las de soja, rojo para las sandwich y las celestes para las tipo sin sal. Hasta apareció el paquete amarillo “Tost”, la perfecta competencia para las Tosti de Canale. Una publicidad que ocupaba los latiguillos de Macaya y Araujo en sus relatos ayudó a imponer esta línea. Las variedades agridulces aparecieron un poco después, ya para 1993. Luego de la crisis hubo un resurgimiento de esta línea mezclando las de salvado con agua y las agridulces de vainilla y chocolate, pero como podrán notar desde esos años a la actualidad la única que sobrevivió fue la de salvado, renombrada como “Salvado Bagley”. Así que la próxima vez que muerdan una galletita de salvado de éstas, piensen que en su composición puede que aún exista algo de aquellas antiguas y hoy ignoradas 35 americanas que venían en cada paquete…

lunes, 29 de enero de 2018

Changuito Hinchado (1991)


Esta inflación no se aguanta más! Tuve que hacer compras en un mayorista sanjuanino para sanear costos… y por nimiedades (unas galletas Criollitas, un picadillo Swift, un jabón Gol, un aceite Patito, una harina Letizia, unos chicles Bazooka…) terminé gastando más de 3 millones de Australes!! 373 dólares!! Acá tiene que volver el peso para que regrese la estabilidad, sino en cualquier momento habrá que pedir un préstamo hipotecario para la próxima compra de velas Malambo… 

viernes, 24 de noviembre de 2017

La trilliza que faltaba (2017)


Hacía pocos días decíamos que era muy llamativo que Arcor volviera a apostar a desarrollar marcas nuevas, y ahora vemos que esa estrategia también involucra a las galletitas Bagley. Después de años de sobreexplotar a las Sonrisas, Ópera y Criollitas, ha nacido una nueva marca de galletita dulce: las Vainitas. Luego de décadas las Chocolinas y Coquitas tienen una nueva hermana: comparten el mismo diseño de envoltorio y molde de galleta. Se trata de una creación muy nueva (aún sin publicidad ni anuncio en redes) que por el momento sólo se consigue en almacenes y mayoristas. A pesar de todo lo llamativo comentado, da la sensación al probarlas que uno está comiendo una Coquita común y silvestre. Se verá con el correr del tiempo si esta nueva hermana se logra imponer (no les queda otra que cambiar la receta para que se justifique comprarlas) o si termina en el galpón de las galletitas Bagley olvidadas, como las Aldeanas, las Supreme, las Gruvy o las Ondinas...