El Gran libro de las Marcas fue una recopilación de envoltorios, envases, publicidades y avisos sobre muchos productos: golosinas, galletitas, chocolates, alimentos, bebidas, medicamentos, productos de limpieza, cosmética, perfumería, higiene, etc. Lo comencé en 2002 y lo terminé en 2006. Llegamos al 2012 y, 10 años después, y con las posibilidades de interacción de la actualidad, decidí retomar las colecciones para agrandarla aún mas. Con el propósito de compartir los logros realizados en esa vieja y en esta nueva etapa, se crea este blog. También será el canal de comunicación para todos los que se ofrezcan a vender cosas que ustedes tengan, y así agrandar la colección. Saludos y ojalá que lo disfruten!
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miércoles, 1 de julio de 2026

Volvió el dulce Julio (1986)

 Ya no queda claro si sigue festejando El Mes de la Dulzura, como pomposamente le quisieron poner hace algunos años, o se volvió a la tradicional Semana de la Dulzura, aquella fecha comercial nacida en 1989. Algo me hace decir que nos encontramos en una época más propicia de lo segundo. Sin embargo, para este principio de mes hablaremos de otro tiempo: cuando la mencionada "semana" ni siquiera existía, aunque invariablemente se veía venir a la vuelta del kiosco. Hace 40 años la ADGYA (Asociación de Distribuidores de Golosinas Y Afines), una de las responsables de la creación de dicha semana junto con Arcor, tenía su propia publicación mensual donde se aprovechaba de los tiempos invernales y el clima mundialista para hablar de sus dulces novedades. En la misma época que la UKRA (Unión Kiosqueros de la República Argentina) con un mes de diferencia lanzaba sus publicidades golosineras en el suplemento empresarial de Clarín, el cual ya publicamos hace unos años, los socios de ADGYA festejaban el aniversario 48 de su creación, junto a adhesiones de todos los nobles productos del momento, incluso con un evento que se desarrolló un 7 de Junio.
Rescatamos de ese 1986 los principales avisos de golosinas aún vigentes y otras ya desaparecidas en el fondo de la caramelera, incluso con logos y slogans que se recuerdan poco o nada vía web: le damos el paso entonces a las versiones ochenteras de Águila Saint, Adams, Cremalín, Terrabusi, Bagley, Fantín (fabricantes del Topilín), Misky, Georgalos, Lheritier, Fel Fort, Noel, Jorgito, Vaira, chocolates Fénix, Renomé, Lía, alfajores Yapo Yei, Beti-Dan, Arrufat y Bazooka de Stani...


Institucional de chocolates Águila Saint poniendo como protagonista a los envoltorios de dos de sus golosinas más famosas y recientemente introducidas: el Tofi relleno de dulce de leche y el chocolate con leche y figurita corpórea Popsy. Pero hay tiempo para nombrar también a sus otros productos populares: medallones y bombones de menta, Chonik, Comprimido o Jet, además del cacao Neo y el desconocido "Friandise"...

Los tradicionales Chiclet's de Admas llevaban años en el mercado pero para mediados de los 80 se anunciaban de una forma novedosa: con celofán transparente que permitía visualizar los chicles del interior, una "ventanita" que se impuso en gran parte de las golosinas de antaño...

Golosinas retro como el Cremalín (auspiciente del mundial del 78) seguían vigentes, tanto en su presentación bocadito estilo Cabsha como con sus tradicionales caramelos de leche... 

Institucional sencillo y directo del Establecimiento Modelo Terrabusi, con su icónica chica con vestido y paraguas que llevaba una lata de Variedad, una imagen que los de Mondelez empezaron a borrar de sus envases desde 2025... 

Este mismo aviso de los bañados de chocolate Bagley había aparecido previamente publicada en 2023 por parte de los auspicios de la UKRA, con una leve diferencia: era una publicidad en blanco y negro, mientras que aquí vemos en pleno color a los chocolates Amore, al Graffiti y a los clásicos Tubby 3 y 4... nada de coloreo mediante IA!

Una escueta y poco desarrollada publicidad de la caramelera Misky, condenada a marca de segunda categoría de Arcor desde su adquisición en 1972. A la izquierda, el también escueto aviso de la familia Fantin, los mismos que 40 años después siguen manejando la producción de los chupetines Topolín en todas sus variedades...

Un aviso para la línea completa de productos de Georgalos (turrones, caramelos, obleas, chocolates, huevos de pascua) aunque su producto estrella Mantecol tenía un lugar privilegiado, apartado de todos los demás: contaba con presentaciones con nueces, con semillas de sésamo y los todavía existentes bocaditos bañados en chocolate... 

Lheritier, en lugar de mostrar sus conocidos chupetines y caramelos, prefirió un aviso un poco más abstracto, mostrando las típicas fotografías un poco borrosas que sabía difundir la NASA para decir que representaba "el Universo de las cosas ricas y los buenos negocios"...

Muy bien organizada y sectorizada publicidad de Fel Fort, donde además de su productos tradicionales como sus Paragüitas, sus chocolates, medallones y bombones con licor o sus licencias de García Ferré (como el cacao Nutri Hijitus) también le daba espacio a los ChicleFort que venían vendiendo desde la década pasada, con la foto del payaso Firulete. También estaba el novedoso chocolate dietético Fort estrenado en 1983 y los desaparecidos caramelos Fumador...
Otro aviso bastante simple, en este caso de productos Noel, que mantendrían independencia de Arcor hasta que los cordobeses adquirieron la marca en 1994. Un año antes ya habían vendido su división de helados a Frigor de Nestlé...


Avisos de los alfajores Jorgito por partida doble: primero anunciando su querido alfajor y en el siguiente diciendo que el bocadito Jorgelín era la novedad del año: se ve que ese mismo nombre no era ocupado todavía como alfajores triples en la actualidad...


Entre productos más desconocidos como las golosinas Vaira o el chocolate Fénix (la chocllatería premium más antigua según el diario Clárin), se cuelan las más recordadas golosinas Renomé, representadas principalmente por sus pastillas y caramelos. Aguantaron bastante más de lo que se las suele recordar, llegando a tener una imitación de las pastillas DRF o pastillitas estilo La Yapa o Punch llamadas Clix...

Una imagen que de manera bastante completa refleja el catálogo de galletitas y golosinas Lía en ese tiempo. A diferencia del folleto subido en esta página previamente del año 1992, puede decirse que seis años antes era una línea un poco más escueta. Estaban las azucaradas que luego usaría Arcor, las todavía existentes Mediatarde y Polvorita, golosinas olvidadas (como Loredana, Bailarina o el alfajor Chuck) y misteriosos confites...

Por segunda vez nos encontramos con un aviso alusivo a los alfajores Yapo Yei. De no ser por estas publicaciones, esta firma no tendría representación en la web...

Aviso un tanto extraño de bocaditos Beti-Dan, con dos integrantes del Ku Kux Klan enamorados como logo principal, aunque aseguran que son fantasmas y no otra cosa. A pesar de los 30 años de trayectoria que decían tener en ese 1986, hoy no hay mayor información al respecto de ellos...

Los todavía existentes chocolates Arrufat, nacidos en 1931, se anunciaba como una empresa fabricante de varios artículos populares y de consumo masivo. En el presente no se los tiene en cuenta por sus bombones alicorados, su chocolate en rama o sus tabletas con almendras, sino por la producción económica de huevos de pascua...

El querido chicle Bazooka, la marca estadounidense de Topps que en el país comercializaba Stani, figura entre los últimos avisos del folleto. Hasta ese momento, ya se trataba de un nombre veterano, conocido por varias generaciones de chicos, desde su arribo a la Argentina en 1958. Luego de estar comercializado por el trío Cadbury-Stani-Adams (luego llamado Kraft y al final Mondelez) entre 1993 y 2022, su licencia la maneja la argentina Georgalos...

Antes de terminar, el siguiente dato curioso: la última hoja de la revista ADGYA de Junio de 1986 traía las direcciones y números de teléfono de sus anunciantes. Aparte de las marcas ya nombradas aparecía Odol, Lipo, Dellepiane, Suchard, Darío Rodriguez de la Fuente (dueños de Billiken y DRF), Capri y Pochoclos Josesito... cuántas de las que todavía están vivas y conservan sus mismos dueños tendrán las mismas direcciones?

Yapa: aunque poco se habla de dicha asociación, ADGYA persiste hasta la actualidad. Por ejemplo, en 2024 podía verse este afiche para locales adheridos, con sus empresas afiliadas y el potentoso nombre de "Mes de la Dulzura". Permanecían algunas de los viejos tiempos como Fel Fort, Georgalos, Jorgito o Lheritier, pero también había espacios para las firmas que se hicieron populares en los últimos años, como Fantoche, Trío, Vacalín, Par Nor (y sus galletitas Pitusas), Hojalmar, Oblita, Trassens (nuevos dueños, sin relación al histórico alfajor) y Marengo, entre otros...

viernes, 19 de octubre de 2018

Sorpresas truchas te da la vida


 

Las golosinas retro siempre tienen el mismo privilegio: parece que sabían mejor y eran más sanas, remontan a una época de felicidad e ingenuidad nunca vista pero… acaso hay excepciones a esta regla casi sagrada? Por supuesto que la hay. Entre los añorados recuerdos del alfajor Suchard y el chocolate Comprimido, un poco más atrás del Tubby y las obleas Bésame… prácticamente al fondo, pasando por encima de los caramelos Media Hora y la gaseosa Tab… sí, allá bien en el fondo de las golosinas placenteras existió un chupetín con palito de madera, considerado por la amplia mayoría como “de sabor indefinido” (aunque lo más probable es que haya sido una imitación de una cruza entre una naranja y una andarina pasada) y que jugaba con las jóvenes mentes de los 70 y los 80 prometiendo un juguete sorpresa con cada paquetito comprado. Se llamaba Topolín y, como no podía ser de otra manera, tuvo a un topo como protagonista en sus empaques. Esta golosina no demasiado glamorosa no era ni la sombra del chocolate Jack (su principal competidor en el rubro “golosina con sorpresa”) pero pudo sobrevivir una importante cantidad de años cargando con la rara virtud de nunca poder traer en su interior algo que realmente valiera la pena. La lista de atrocidades que contenía era extensa y no contaba ni siquiera con un catálogo, un concepto de colección o novedades de temporada: una mamadera, un soldado, un cucharón con forma de avión, un peinecito, autos coloridos con ruedas negras, una diligencia, un rallador de queso, una sopapa, un velero, esa tradicional hélice que volaba si la frotabas entre tus manos, una canoa, etc… una ensalada de cosas con las que tampoco se podía hacer mucho. El consenso es bastante aceptado: el sabor del chupetín era indescriptible, y su sorpresa decepcionaba al instante. Pero además, gran parte de los que lo recuerdan tienen presente lo siguiente: entre tanta mala calidad de producto lo que realmente motivaba a comprarlo era la expectativa, una ingenuidad mayor de otras épocas y, apelando a la ternura, el hecho de aceptar un regalo de parte de algún ser querido. Por estas cuestiones más espirituales que materiales el Topolín pudo vivir varios años sin modernizar sus sorpresas ni necesitar innovar demasiado en la receta de su inefable chupetín. Y de esta manera silenciosa llegamos a los temibles 90, donde tanto el Jack como el Topolín tuvieron que vérselas con el italiano Kinder: esta genialidad de huevo no sólo traía un chocolate exquisito sino que sus sorpresas eran bien sofisticadas y cambiaban todos los años. Jack pudo sobrellevarlo gracias a años de buena relación y calidad con sus consumidores, pero el Topolín se consideró clínicamente muerto durante un tiempo considerable. Llegamos a los inicios de la actual década, donde colgándose de la onda retro que hizo retornar a tantos productos, bandas y películas el Topolín volvió a ser fabricado por Golosinas Pilar. Tal como vemos en las imágenes, no sólo el topo se había modernizado estéticamente: ahora había una versión para nenes y otro para nenas. Una vez más se veían en la obligación de ir tras los pasos del Kinder, que fue el mentor de dicha sectorización, para poder arrancar unas migajas del mercado aunque sea. No hubieron grandes campañas publicitarias, ni siquiera los tradicionales stickers que se sabían repartir a los kioscos durante sus años de “esplendor”: el 2010 encuentra al Topolín con un perfil bajísimo y peleando con gran desventaja. No obstante, es de destacar de esa nueva etapa la subcreación denominada Juguetazo: con la misma división de género de su progenitor y un elegante papel metalizado, por un monto un poco mayor se prometía juguetes de mayor tamaño y, se presumía, calidad. Tal vez el concepto de “sorpresa gigante” que ofrecían los huevos de pascua Kinder estaba oculto en este artículo, pero es una suposición. A pesar de teléfonos y páginas webs mencionadas, no se puede contactar a los originales fabricantes de esta bizarra golosina. Cada tanto aparece alguien en Mercado Libre que ofrece tiras completas para cumpleaños, pero la venta directa en kioscos pareció nunca materializarse. El Topolín seguirá por ahí, asaltando ilusiones a jóvenes consumidores que confían demasiado en los mayores regalones. Su estrategia seguirá siendo la de hacer el menor ruido posible y de no mejorar el sabor de su chupetín ni la calidad de sus juguetes ni una pizca, haciendo que está pero no está. Con su personalidad propia a la hora de jugar, sin dudas: nunca el Kinder se animará a traer una damajuanita, por ejemplo. Que no está pero está. Lamentamos decirle al Kinder que aún no está dicha la última palabra en esta contienda pero… algún día podremos ver huevos de pascua marca Topolín? Cuidado que muchas cosas escritas por aquí aparecieron siendo realidad más tarde…