El Gran libro de las Marcas fue una recopilación de envoltorios, envases, publicidades y avisos sobre muchos productos: golosinas, galletitas, chocolates, alimentos, bebidas, medicamentos, productos de limpieza, cosmética, perfumería, higiene, etc. Lo comencé en 2002 y lo terminé en 2006. Llegamos al 2012 y, 10 años después, y con las posibilidades de interacción de la actualidad, decidí retomar las colecciones para agrandarla aún mas. Con el propósito de compartir los logros realizados en esa vieja y en esta nueva etapa, se crea este blog. También será el canal de comunicación para todos los que se ofrezcan a vender cosas que ustedes tengan, y así agrandar la colección. Saludos y ojalá que lo disfruten!
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domingo, 29 de marzo de 2026

Fuimos unos quesos



Se está terminando Marzo y lo despedimos con una triste noticia: saber que según La Paulina, mediante sus avisos digitales éste fue "el mes del queso" y que no pudimos disfrutarlo para nada. Para tratar de compensar este momento subimos dos publicidades referidas al tema y participar de alguna manera, con un poco de historia y usos prácticos: primeramente una receta firmada por Chichita de Erquiaga en 1986 para publicitar el flamante queso de bajas calorías San Regim. Aunque se trataba de un producto nuevo, ya tenían visión para predecir que se volvería un clásico del mercado, siendo el ingrediente perfecto tanto para una pizza vegetariana como para unos escalopes rellenos. San Regim sigue vigente en las góndolas nacionales, aunque limitada a cajas de leche en polvo descremada. 
Por otro lado, un producto que ya llevaba una década de conocido en el Gran Buenos Aires: los quesos Ilolay (propiedad de la familia Williner entre 1928 y 2023) se publicitaban en 2006 como de los mejores tras obtener varias distinciones en la mencionada exposición. La mencionada Mercoláctea había nacido en 2001 y se realizó ininterrumpidamente hasta 2018, siendo común durante esos años que las marcas lácteas se jactaran en algún aviso que ganaron tal o cual medalla por su queso, su manteca o su dulce de leche. La muestra como tal volvió a realizarse recién en 2023 pero con sede en Uruguay, con la intención de hacerse cada dos años...



Los avisos digitales de La Paulina (que cumplió los 100 años en 2021 pero sigue luciendo su número redondo en su logo) que anuncian sorteos alusivos al mes del queso, dentro de otra campaña más ambiciosa que plantea el desarrollo del "Club Atlético Queso" que tuvo publicidades protagonizadas por el Poroto Cubero y Mica Vicciconte. Tal vez este cambio de marketing se haya debido al reciente cambio de dueños que tuvo la marca: este pasado febrero se conoció que la canadiense Saputo (dueña de La Paulina y también de Molfino y Ricrem) vendía el 80% de sus negocios en Argentina a la peruana Gloria Foods...

jueves, 11 de abril de 2019

Pendiendo de una mozzarella (2019)



En el baúl de las joyas que llegaron al país en los años 90 hay un lugar privilegiado para un producto que supo en su momento ser excelentemente bien vendido y que en otros países nunca se dejó de comercializar: hablamos de unas pitucas tiritas de queso que venían empaquetadas por unidad, tanto de mozzarella como de cheddar, en la época en que no era un queso tan popular como ahora. Este artículo, para nada barato, lo comercializaba Parmalat (en un paquete violeta que hizo creer a algunos que era un producto hecho por Cadbury) y se llamaba Cheestrings. A fines de los 90 estos “snacks de queso” se comenzaban a producir en la Argentina, con el prometedor futuro de ser la segunda sede del mundo en el que Parmalat decidía hacer este producto éxito en otras regiones.
No se trataba ni de casualidad de un producto de primera necesidad, pero la publicidad hizo que muchos niños de la época ansiaran probar ese queso que tenía la habilidad de deshilacharse y comerse de a tiritas. Para los padres, también había información pertinente: las propiedades naturales del queso, su calcio y vitaminas y ser un producto sin conservantes lo convertían en un snack saludable para llevar al colegio, en épocas en que no estaba en boga discutir sobre los “kioscos saludables”. Además, su individualista presentación en un paquetito particular era muy tentador para degustar, fuera uno chico o grande.
Inauguramos la temporada 2019 de regresos inesperados anunciando que justamente llegamos a ver entre la góndola de congelados los denominados Strings de La Paulina. Luego de la conmoción inicial, podemos ver que hay muchos elementos para comparar: el nombre que presenta la palabra más recordada de la vieja marca, el producto de Parmalat de los 90 también tenía un personaje-queso con la punta desarmada emulando su pelo, como el presentado por La Paulina. Siendo más detallistas, todo lo que rodea el paquete (volver a hablar de las propiedades saludables del queso, considerarlo un producto infantil, sugerirlo como merienda escolar) está dirigido al mismo público de antaño también, actualizando lo que corresponda. Las diferencias: éste producto es importado (hecho en USA por los dueños de La Paulina, Saputo), viene en un tamaño mucho más grande (12 unidades contra las 4 o apenas 2 de Parmalat) y sólo dispone de presentación en mozzarella. Nada de cheddar ni otros quesos raros.
Si se están preguntando si se trata de la misma marca o similar a la que vino antes, esto podemos decir: la marca Cheestrings, la “original” y que más jugo le ha sacado mundialmente a esta idea, es comercializada en otros países por empresas como Melrose o Black Diamond. En aquellos lugares (Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Reino Unido, etc) han evolucionado al punto de fusionar mozarella y cheddar en un mismo bastoncito, tener cheso saborizado a pizza o salame, vender packs de queso junto a pretzels o galletitas tipo Rex para acompañar en picadas y hasta tener una presentación libre de lactosa. El producto de La Paulina no pertenece a esa línea de licenciatarios (Parmalat como tal hace rato que se la llevó la marea) sino que es una imitación estadounidense. Esto no le resta calidad, pero vale aclarar que es una copia del “genérico”.


Efectivamente son bastones ricos para comer a cualquier hora, se pueden desarmar en tiritas (no tan estéticamente como los avisos de la tv noventera) y aportan energía sin caer pesados. Se pueden comer a temperatura ambiente, recién sacados de la heladera o con galletitas, pan o lo que quieran. Así y todo, con tan poca (por no decir nula) publicidad que le han hecho, es difícil que un producto así tenga éxito. Poniéndonos realistas, la versión de los 90 tampoco explotó en ventas. Que personas vean el envase en la góndola del súper y piensen que son bastoncitos para pizzetas da la idea de lo complicado que puede ser tratar de imponer una idea así en el mercado nacional.
De todas formas, celebramos que las empresas le sigan buscando la vuelta para darle el gusto a los ex-niños que añoran productos de otras épocas, para que en el mejor de los casos le hagan probar a sus hijos lo que antes los enloquecía. Y por qué no, ayudará a algunos a preguntarse “en serio me volvía loco por querer comer esto?” y plantearse cuándo fue que maduraron y se volvieron adultos muy responsables. Seguiremos a la espera de otros productos que muchos anhelan su regreso, como el 1,2,3 Listo de Royal, el postrecito Sandy o los 3D de jamón y queso. Creo que no necesito recordarles que mucho de lo que se escribió por aquí muchas veces se terminó cumpliendo…

ACTUALIZACIÓN 2026: El año pasado la entrañable marca Tonadita, tan conocida por sus mantecas, lanzó también durante 2025 una serie de bastoncitos de mozzarella, que en este caso son industria argentina. De sabor resultan bastante buenos, aunque quizás un poco insulsos. Al igual que el efímero producto comercializado por La Paulina, presenta un personaje al estilo Cheese Strings de Parmalat (incluso mucho más parecido todavía) y promete grandes ventajas para nutrir de calcio a los más chicos...

domingo, 20 de mayo de 2018

La hora de los quesos (1982)


No importa a qué hora leas esto: sea cual sea, es el mejor momento para comerte un queso Senda (no confundir con Sendra) de La Paulina, tal como reza este aviso de 1982. Ha sido un personaje que hace rato no se lo vio más, pero entre los quesos puede aparecer ese indiecito que caracterizó durante años a la compañía y fue jubilado en 2001, cuando se impuso el logo que sigue hasta hoy con alguna que otra modificación leve. Los dueños tampoco son los mismos: desde 1921 y hasta 1996 se trataba de una empresa nacional con los dueños fundadores (Abolio y Rubio), pero desde entonces tuvo varios cambios. En ese año es vendida a un fondo de inversión argentino llamado Argentine Venture Partners (AVP) que estaba formado por varios grupos empresarios como Credit Suisse First Boston, BankBoston, Goldman Sachs... mucho ejecutivo en el medio de un negocio familiar rural. Algo así mucho no podía durar y efectivamente no pasó: tres años más tarde La Paulina era comprada por Molfino Hermanos, una empresa que también recientemente había sido adquirida por Perez Compacn. El romance tampoco dura mucho y desde 2003 la firma es parte de Saputo. Tal vez ese nombre no dice mucho, pero así se llama esta multinacional con sede en Canadá fundada por un inmigrante italiano. Ya por ese entonces La Pulina había pasado a ser la segunda productora de quesos del país junto a Sancor. Al tradicional queso Senda le empezaron a decir Tybo La Pulina y ya no se puede encontrar más información sobre esta tradicional marca que todos conocemos como "el queso de máquina". Ya no está el indiecito (cómo puede ser que no le conozcamos el nombre???) ni tampoco aquél coro que durante los 80 cantaba alegremente en una publicidad que todos los quesos que no fueran Senda de La Paulina eran una imitación, pero sigue siendo una marca que tenemos bien presente en las góndolas junto a Ricrem, otra marca que quedó en manos de Saputo. Muchos quisieron comerse el queso de esta empresa, pero ha logrado sobrevivir hasta nuestros días y vendiendo muy buenos quesos untables, rallados y en hebras, además de dulce de leche y manteca. El que quiera morir comiendo queso hipercalórico puede hacerlo con gusto probando el untable La Paulina Doble Crema, que es riquísimo pero más pesado que una horma de queso sardo...