El Gran libro de las Marcas fue una recopilación de envoltorios, envases, publicidades y avisos sobre muchos productos: golosinas, galletitas, chocolates, alimentos, bebidas, medicamentos, productos de limpieza, cosmética, perfumería, higiene, etc. Lo comencé en 2002 y lo terminé en 2006. Llegamos al 2012 y, 10 años después, y con las posibilidades de interacción de la actualidad, decidí retomar las colecciones para agrandarla aún mas. Con el propósito de compartir los logros realizados en esa vieja y en esta nueva etapa, se crea este blog. También será el canal de comunicación para todos los que se ofrezcan a vender cosas que ustedes tengan, y así agrandar la colección. Saludos y ojalá que lo disfruten!

sábado, 25 de abril de 2026

El fantasma que merodea a Bagley (1991)


Dentro de sus legendarias marcas como las Criollitas, las Merengadas, las Ópera o las Traviata, Bagley a principios de los 90 (antes de ser vendida a Danone) también se caracterizaba por producciones breves pero recordadas hasta el presente. Por ejemplo, en 1991 salieron unas galletitas de vainilla llamadas Gruvy: no tenían ningún vínculo con el contexto hippie en el que se desarrollaba la expresión en el mundo anglosajón, sino que se escribía distinto y hacían alusión al nombre que tenía el fantasmita rosado que la marca tenía como mascota. Y así como lo demuestra Google, al buscar el nombre Gruvy aparecerán algunas de las figuritas que tuvieron de regalo estos paquetes, siempre a ritmo de una por unidad, y siempre hablando de la presentación de mayor gramaje. El mentado Gruvy era el protagonista indiscutido, transformándose en distintas cosas (un sombrero, un canguro, un tren, un elefante o él mismo como fantasma), a veces diciendo algún comentario gracioso o también afirmando cierta data didáctica. Dichas figuritas tenían el grosor de un fino cartoncito y aparecían escondidas entre la pila de galletitas sin relleno.
Para los más hedonistas, venían figuritas con el rosado lo más flúor posible. Ideal para obsesivos, estaban también algunas donde Gruvy posaba junto a una de las letras coloridas de su logo, invitando inevitablemente a formar la palabra completa, aunque aparentemente sin ningún premio o álbum para recolectarlos. Sin embargo, no era algo para menospreciarlo: dentro de los pocos recuerdos que registra la red, se comparte el hecho de que las figuritas eran más esperadas y añoradas que el producto galleteril mismo. Esto no significa que fueran galletitas (con el mencionado fantasma estampado en cada una de ellas) de feo sabor, pero entraban en ese mundo de generadoras de indiferencia. Si hay que precisar su sabor de vainilla, se parecerían a las María de Terrabusi mezcladas con las pálidas Chocolinas sabor chocolate blanco, un ejemplo más reciente en el tiempo.
Por ahora los que buscaban una foto de su ignoto envoltorio (aclarando que no se fabricaban en San Luis sino en la Avenida Montes de Oca, una locación cerrada en 2004 tras la llegada de Arcor a su directorio) van a respirar tranquilos... por unos minutos, porque luego del alivio automáticamente les vendrá la angustia de buscar su publicidad televisiva, aún no subida a Internet...

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