A pesar de ser un envase de 1984, esta marca de jabón en polvo tuvo su época de esplendor en los años 50 y 60, compartiendo cartel con otras prestigiosas marcas como Rinso, Sunlight, Guereño, Llauró o Lux. Primero como pan de jabón y luego con su versión en polvo (uno de los pioneros de ese tipo de presentación en el país) esta marca santafesina era fabricada justamente en la región de Cañada de Gomez y nunca se vendió a ninguna otra empresa de Buenos Aires y mucho menos a alguna multinacional, tal vez por eso en algún momento de los años 80 dejó de existir. Considerado por algunos como un jabón rendidor y económico, y bastante trucho y pedorro por otros, esta marca queó en el inconsciente de muchos, siempre como sinónimos de jabón barato. La ex fábrica de jabones (que había generado una importante ampliación de terreno e infraestructura en 1969) quedó abandonada durante bastante tiempo hasta que, luego de varias idas y venidas, en 2001 el municipio cañadense terminó comprando el establecimiento con el fin de terminar un traslado de la maestranza municipal, que sigue allí hasta la actualidad. A pesar de éste último dato, años después siguió existiendo un rumor de que en San Luis existía un jabón con exactamente el mismo nombre, aunque esto último no ha habido forma de poder confirmarlo. Lejos de haber conocido versiones en jabón líquido (ni hablar de las nuevas versiones que son como pastillas con quitamanchas incluído) en la memoria de mucha gente seguirá existiendo este jabón santafesino por más marca de jabón internacional que exista en las góndolas que trate de borrar de la cabeza a Cañadenzo S.A.
(envase resubido en el año 2020)
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