Hace 50 años era sumamente habitual encontrar material publicitario relacionado al mundo del tabaco. En una sola revista podías encontrarte estos dos avisos: primero, una imponente imagen de cowboys estadounidenses demostrando toda su virilidad arriando rebeldes equinos. El inconfundible "mundo de Malboro" que no sólo traspasa la revista por medio de sus campañas western bien explícitas (sin ningún retoque digital) sino que, afinando el oído, puede escucharse nítidamente desde uno mismo la melodía instrumental de "Los Siete Fantásticos" de Henry Mancini, tan característica de sus publicidades televisivas.
Dejando atrás lo chabacano de Malboro, en segundo lugar tenemos otro producto también vinculado a los cigarrillos pero mucho más sutil y elegante, para otro tipo de consumidores: el sofisticado encendedor francés S.T. Dupont, con sus características terminaciones en laca y oro de 8 ó 10 quilates, realizado a mano por nobles orfebres parisinos. El primer encendedor considerado "de lujo" y que hoy sigue revistiendo interés por coleccionistas que les interesa tenerlo y exhibirlo más que (por suerte) usarlo para fumar...


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