La locura por querer combatir el inevitable paso del tiempo parece una idea actual, pero mucho antes que la popularización del botox y que estuviera en boga el término "antiage", las revistas de mediados de los 80 ya hablaban de estiradores faciales sin ningún tipo de cirugía. La empresa Ítems ofrecía en 1986 un revitalizador concentrado antiarrugas llamado "Carotienne", una sustancia que a pesar de su nombre no habla de contener vitaminas provenientes de la zanahoria en ningún momento. Con una velocidad asombrosa, el milagroso compuesto promete que apenas una hora después de aplicado puede notarse una cuantiosa mejoría a la piel, no siendo claro cuánto hace falta hasta que pasen los efectos, pero parecen ser "prolongados".
Cuatro décadas después, resulta inrastreable tanto el misterioso compuesto (que no aseguraba qué tipo de ingredientes tenía ni su origen de fabricación ni el método exacto de acción) como la más aún misteriosa empresa que lo comercializaba. De hecho, la web actual encuentra una importadora con el mismo nombre, pero es sólo una coincidencia teniendo en cuenta que aseguran tener apenas 15 años de trayectoria...

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