El Gran libro de las Marcas fue una recopilación de envoltorios, envases, publicidades y avisos sobre muchos productos: golosinas, galletitas, chocolates, alimentos, bebidas, medicamentos, productos de limpieza, cosmética, perfumería, higiene, etc. Lo comencé en 2002 y lo terminé en 2006. Llegamos al 2012 y, 10 años después, y con las posibilidades de interacción de la actualidad, decidí retomar las colecciones para agrandarla aún mas. Con el propósito de compartir los logros realizados en esa vieja y en esta nueva etapa, se crea este blog. También será el canal de comunicación para todos los que se ofrezcan a vender cosas que ustedes tengan, y así agrandar la colección. Saludos y ojalá que lo disfruten!

lunes, 19 de noviembre de 2018

La carne es de nosotros, Swift es ajena

Algo considerado tan nacional y argentino como la carne vacuna tiene sus orígenes en muchas otras partes del mundo occidentales: muchos ignorarán seguramente el importantísimo papel que tuvieron en nuestra historia los frigoríficos extranjeros, que por medio de sus intereses e influencias fueron capaces muchas veces de torcer el curso del país. Hoy vamos a hablar de uno de ellos bien clásico, al punto tal que no son pocos los que creen que se trata de una marca nacional, y a veces tan equivocados no están. Veamos…
Swift, una marca que relacionamos inmediatamente a alguna hamburguesa, salchicha o latita de picadillo, no significa otra cosa que el apellido de su fundador: Gustavus Swift (1839-1903) fue un empresario estadounidense que se dedicó gran parte de su vida al negocio cárnico, pero llegar al éxito le fue muy dificultoso. Obtuvo réditos, no sin antes obtener una gran cantidad de fracasos a la hora de intentar cambiar el paradigma de la venta de carne que supo existir en el siglo XIX. Según la investigadora Chris Calton en esa época lo popular era la carne de cerdo por ser más barata para producir caseramente, mientras que la carne “de res” no gustaba tanto al resultar demasiado salada (por su método de conservación) y sobre lo costoso que significaba traerla al consumidor: curiosamente, las carnicerías entregaban la carne en paquetes cerrados… el cliente no tenía idea de dónde venía el paquete con la carne que acababa de pedir!
El emprendedor que nos compete fue capaz de afrontar los obstáculos para que la carne vacuna se masificara tremendamente: primero, siendo capaz de diseñar vehículos refrigerantes que permitieran el transporte de carne a sitios alejados de manera económica, luego venciendo el lobby ferroviario que se negaba a diseñar vagones aclimatados por sus convenios con corrales porcinos y finalmente la parte difícil de que el consumidor decida comprar carne faenada hace varios días, algo por entonces novedoso y “asqueroso”. Se solucionó este último eslabón estilizando el proceso de entrega de carne, permitiendo que el cliente vea el momento de los cortes y presentando el producto en mostradores de manera más atractiva. El simple concepto de que el cliente vea lo que está comprando (lógicamente perfeccionado por muchos seguidores más tarde) provino de este empleado carnicero con ese apellido tan particular.
En la Argentina Swift existe desde 1907 (cuatro años más tarde del fallecimiento del fundador, que crea la marca en 1855) a través del Frigorífico La Plata, dando inicio en el país al negocio de la carne congelada. Nueve años más tarde, los negocios habían ido tan bien que se quedaron con el frigorífico, popularizando el término Swift “de La Plata” de manera masiva. Para 1924 ya manejaban el 70% de las exportaciones nacionales de carne vacuna, al tiempo que comenzaban a operar en Santa Fé, primero en Rosario y luego en Villa General Gálvez. Se agrandan tanto que la carne les queda chica y desde 1930 comienza la diversificación hacia conservas de vegetales, carne ovina y porcina, salsas enlatadas, aderezos, legumbres y mermeladas de fruta. Tantas ganancias les dio la Argentina que aquí en 1954 se dedicaron a desarrollar algo inédito en el mundo: un sistema de cocinas continuas para el desarrollo de carne enlatada de todo tipo, desde viandada o relleno para empanadas hasta albóndigas con salsa y buseca.
Luego de varios años de bonanza económica, llegan los tiempos de crisis extrema, casi a punto del cierre absoluto, allá por 1971. Para zafar de decretar la quiebra y mantener los puestos de trabajo es el Gobierno Nacional el que queda a cargo de la compañía por unos años, pasando a un grupo empresario nacional llamado casualmente Carnes Argentinas en 1977. Así las cosas,  esta nueva sociedad le cambia el nombre a la empresa en el 78 por “Swift Armour” y por un tiempo en los 80 comparten acciones con las norteamericanas sopas Campbell, quedándose con el correr de los años con el 100% de la empresa.
En los convulsionados años 90 no sólo afrontaron una pésima época de marketing gracias al caso “SwiftGate” protagonizado junto al Gobierno de entonces, sino también por constantes reestructuraciones y achiques para seguir funcionado, al punto tal que en 1997 casi son comprados por Unilever. Igualmente la suerte estaba echada y tras más años de recortes y crisis, en 1999 se venden al JP Morgan quienes en 2005 traspasan Swift al frigorífico brasileño JBS, quienes continúan en la actualidad. En el camino, habían conseguido dos hitos más: en 1996 ser la primera empresa argentina del sector con normas ISO 9001 y en 2002 quedarse con la marca Cabaña Las Lilas. Su última gran adquisición fue en 2008, cuando se quedaron con la marca Colonia Caroya.
Llegamos a un presente fructífero en ganancias (siguen siendo la principal exportadora de carne vacuna argentina) pero con el tufillo de corrupción de siempre: recién en 2017 pidieron investigar si la compra de JBS 12 años antes fue realmente legal. Además de sus conocidas hamburguesas, salchichas y picadillo/paté, podemos encontrar mortadela, jamón del diablo, milanesas de soja, bocaditos de pollo y el poco apetitoso “budín de carne” vendido con el atractivo nombre de Corned Beef. Su última novedad es el sistema Pouch para vender carne envasada, con un aspecto similar a las bandejitas de los supermercados.
La única incógnita de toda esta historia es a qué se debe el color rojo de su logo, impuesto desde los 60: a la sangre vacuna? a la carne cruda? es probable ya que la única vez que el logo fue de otro color (azul, negro o amarillo) fue antes de que abandonaran la comercialización de todo lo que no tenga que ver con carne…

Original manera de publicitar en 1943 que se sigue utilizando: contar la historia de emprendedores anónimos para luego emparentar esas ganas de progresar con los supuestos ideales de la empresa publicitada. Como curiosidad, en el mismo aviso se nombra también a Swift de Montevideo…

Bajo el muy apropiado slogan “el producto que merece llevar el nombre de Swift merece su confianza” la empresa se iba abriendo por un tiempo a vender más que carne, como las conservas que vemos en esta publicidad de 1953. Duraznos, arvejas o tomates… da igual a la hora de expandirse.

Para los años 60 Swift trató de imponer gran cantidad de “soluciones prácticas” para el ama de casa, como estas albóndigas en salsa, con receta incluida para despertar el hambre y contentar el bolsillo: sólo 98 pesos para 4 personas, a los precios de Mayo 1964…

En 1961 Swift inaugura el laboratorio de investigaciones científicas más importante de Sudamérica dedicado al negocio frigorífico. En este aviso de 1972 se seguían jactando de él, al punto de ser lo que los distinguía de la competencia.

Las variedades gourmet de sus untables cárnicos hace años que no se renuevan, pero por ejemplo en 1988 supo venir una línea especial de patés inspirados en la cocina francesa. Nuevamente el viejo truco de la receta tentadora, con canapés en este caso… 

Tapa de Enero de 1991 de Revista Humor con el SwiftGate en la tapa: se hizo público una intención de coima para la instalación de una nueva planta. Un escándalo que hasta genero la intervención de la Embajada de Estados Unidos con Terence Todman a la cabeza. El resultado? La renuncia de Emir Yoma y el desplazamiento de Erman González del Ministerio de Economía, dándole la bienvenida a Domingo Cavallo…

Publicidad nortemericanísima para anunciar en la Argentina en 1994 las salchichas Swift. A pesar de los intentos de la época de imponer el término “Hot Dog”, el clásico Pancho sigue vigente como siempre…


A fines de los años 2000 varios alimentos considerados "comida chatarra" reorganizaron sus recetas y su marketing para resultar mucho más agradables, sobre todo para los ojos paternos. En 2007 Swift publicitaba la denominada línea Kids: hamburguesas y salchichas (más tarde se sum
o el picadillo) que no contaban con grasas trans, para volver a ser elegidos como comida para niños...

(Portada de nuestro Facebook en 2015, con Taylor Swift)

En estos últimos meses el logo de Swift se estilizó un poco: sigue pareciendo un bife cortado pero con letras con algunos cambios. Aquí lo vemos en su producto más famoso actualmente: sus hamburguesas, las cuales están empezando a salir en formatos XL y sabor parrillero… 

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