¿Es posible publicitar un producto aprovechando tragedias nacionales? Puede
generar algún conflicto ético, pero es totalmente posible. Aquí tenemos un
ejemplo: en el medio de la sicosis provocada por el cólera a principios de los
90 en la Argentina (en el contexto de una epidemia que provocó más de 20
muertes y 700 enfermos) la empresa farmacéutica Schering Plough, desaparecida
en 2009, decidió que era el mejor momento para traer al mercado nacional las
Puritabs. Éstas eran unas tabletas efervescentes que eran publicitadas en
Europa como un método práctico para obtener agua potable cuando se salía de
viaje o excursión. Sin embargo, en un país con gran parte de su población sin
cloacas o ni siquiera letrinas, Puritabs se vendía como la solución contra el
condenado cólera además de prevenir la hepatitis y la gastroenterocolitis. Lo
que en el Primer Mundo era un gusto para un día de campo, en la Argentina era
de necesidad y urgencia para subsanar la inoperancia del Estado. Una actitud
similar ocurre con los insecticidas, que cuando la situación lo amerita dejan
de ser simples matamoscas y mosquitos y salen publicitados con gigantescos
carteles como los héroes que combaten el dengue, el zika y la fiebre
chikunguya. A pesar de las ventajas económicas que se anunciaban, las Puritabs
no pudieron contra la austera acción de hervir el agua y colocarle algunas
gotitas de lavandina, así que no se las supo ver por mucho tiempo dando
vueltas. Desde que su empresa fabricante mutara de nombre en 2009 a Merck &
Co, estas tabletas potabilizantes pasaron a denominarse Aquatabs, pero el
nombre antiguo persiste en el inconsciente de mucha gente, al punto tal que en
su propia página web Aquatabs debe aclarar que el otro nombre es tecnología
antigua, cuando todavía el SITEA asustaba por estas tierras…

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